Entrevista a Mark Shapiro, Laika, USA


Mark Shapiro



MiniBio
Mark Shapiro es brand y marketing manager en Laika. Nacido en Seattle, asistió a la Universidad Emerson, en Boston, y a la Colorado College en Colorado Springs. También completó sus estudios en la Lewis & Clarck College en Portland, donde actualmente trabaja. Su amplia carrera en marketing y comunicación lo llevó a trabajar a lo largo de los Estados Unidos, trabajando en relaciones públicas, desarrollo de branding, publicidad y producción cinematográfica para compañías que incluyen Nike, Town & Country Magazine y Upper Deck. En 2007 se unió a Laika, donde administra las estrategias de marketing, incluyendo el marketing para la identidad corporativa de la empresa, como la de sus films animados.


¿Qué diferencia hace que Laika esté instalada en Oregon y no en Hollywood? ¿Cómo influencia el lugar a la empresa?
Laika, originalmente, empezó siendo Will Vinton Studios, comenzando hace unos treinta años en Portland. En 2005, la compañía fue rebautizada como Laika. El nombre “Laika” significa “pequeño perro que ladra”, por la perra rusa que fue al espacio. La definición sería “perro que ladra en un lugar inesperado” que, en este caso, sería Portland. Nosotros hacemos películas, hacemos películas animadas desde la sección de entretenimiento de nuestra compañía, y no lo hacemos en Hollywood, sino que queremos estar en Portland. Portland tiene una vibra diferente, un sentimiento distinto al que hay en Los Ángeles. Hay mucha gente joven, que se dedica a hacer cosas manufacturadas, hechas a mano. Nuestros filmes son manufacturados, casi todo está hecho a mano. Eso hace una enorme diferencia con otros estudios. Por toda la ciudad podés ver gente haciendo cosas manufacturadas o artesanales, incluso cervezas, vinos, cosas. Es un ambiente de emprendedores artesanales.


¿Trabajan con muchos artistas y animadores de Portland?
Sí... De todo el mundo, en realidad. Pero nos gusta la energía del lugar. Es un ambiente distinto. También hay mucha gente que viene de Los Ángeles, o de New York, Chicago, Londres, Manchester, y estamos todos en Oregon.


¿Podríamos decir, entonces, que hay un vínculo entre la manufactura propia de Portland y la famosa técnica de stop motion que ustedes utilizan?
Sí, claro. Laika tiene dos sectores. Está Laika Entertainment, que es el sector que hace los largos: Coraline (en 2009), ParaNorman (en 2012) y BoxTrolls (en 2014). Por otro lado, está Laika House, que produce comerciales y otro tipo de contenido. Nuestras películas de Laika Entertainment son todas en stop motion. Las primeras tres, obviamente, son en stop motion.


¿Podrías contarnos sobre el estilo de Laika? ¿Se puede decir que es independiente, familiar, casero, artesanal pero, al mismo tiempo, algo mainstream?
Creo que sí, se ve lo casero, y, nuevamente, es lo que nos diferencia de otros estudios que hacen películas en 3D. Creo que, cuando se hace animación con muñecos, naturalmente, las películas tienden a ser diferentes en estilo. Todas la películas en stop motion suelen ser distintas en estilo. A veces, tienen un lado ingenuo pero, cuando hacés algo con las manos y estás moviendo los muñecos con las manos, cuadro por cuadro, las historias suelen ser distintas.
Coraline, por ejemplo, es distinta a una película en animación digital; ParaNorman es distinta a una película en animación digital. Entretienen, son interesantes. A veces, desafían tu mente.


¿Qué es lo que diferencia a Laika de otros estudios? ¿Cuál es su estilo particular?
A la gente que realmente ama las películas en stop motion le gusta el estilo, de por sí. Hay una diferencia entre estas películas y las películas de otros estudios.


Pero, en la otra mano, usan bastante postproducción digital, ¿qué podés decir al respecto?
La postproducción digital es una parte importante de la película. La usamos para eliminar las juntas de las partes de los rostros de los muñecos, para remover los rigs, por cómo queremos que se vea, sin eliminar ese aspecto artesanal.


¿Cómo mantienen su imagen e identidad en un mercado dominado por otro tipo de estudios, luchando con una distribución que podría llegar a querer cambiar su forma de trabajar? ¿Tienen que luchar por mantener su identidad? ¿O es lo que el mercado espera de ustedes?
Creo que tenemos una identidad, y la gente empieza a tener, ahora, una expectativa de lo que vamos a entregar, y cómo se va a ver. Es el “estilo Laika”. Las películas salen cada dos años, tal vez cada uno. La gente va a poder ver que realmente estamos desarrollándonos en nuestra imagen y sentimiento, diferenciándonos de otras producciones. Nuestro distribuidor, Focus Features, Universal, y otros distribuidores dependiendo del país, entienden que nosotros trabajamos de manera muy armoniosa juntos, para presentar un producto.


En cierto modo, se ganaron su libertad...
Sí, pero también están las expectativas, no sólo de parte de la audiencia, sino de los distribuidores mismos, sobre cómo trabajamos. Cuando se trabaja con un equipo tan grande, hay formas para trabajar en armonía.


¿Cómo describirías esa identidad?
La identidad de Laika es lo manufacturado, lo artesanal, historias atrevidas, audaces, diferentes, inesperadas. Nuevamente, lo que mencioné del perro, que ladra desde un lugar inesperado. Las historias que contamos son desafiantes, tienen un desarrollo de personajes distinto. Podemos hacer las cosas de forma distinta, porque no estamos necesariamente en el mismo ambiente que otros estudios.
Cuando entrás en nuestro estudio, podés ver gente con lastimaduras, cortes, vendas. Es así porque están trabajando con sus manos. Y aún así, los efectos especiales digitales son una parte importante. La gente que trabaja en VFX comparte ese sentimiento común, de entregar una película “estilo Laika”, artesanal, manufacturada, de Oregon, de un ambiente distinto.


Refieriéndonos a tu trabajo, como brand manager, ¿podrías hablarnos de pasos o decisiones que se toman para comunicar esa identidad al mundo?
Cuando estamos contando una historia, buscamos mostrar pequeños fragmentos para promoción. A veces, incluso creamos escenas en stop motion específicamente para esto, antes de que la película se estrene. En cuanto a relaciones públicas, hablamos con editores de revistas y prensa, para que les quede claro qué es lo que estamos haciendo, que la gente entienda el proceso de realización del film, que está hecho a mano. Y, luego, cuando realizamos el marketing, en lugar de hacer una salida tradicional, nos gusta trabajar dentro del ambiente, que otra gente que se dedica a esto hable de nuestros productos. Entonces, participamos de festivales de cine. Hacemos presentaciones en importantes eventos en todo el mundo. Tratamos de ser parte de la comunidad de la animación. Le gente que trata de vender sus historias, intenta comunicarse directamente con su audiencia, con los consumidores. Nosotros intentamos ser un poco más creativos, cuando buscamos hacer publicidad dirigida a gente que va a compartir el mensaje a otra gente, quizá en Facebook o Twitter, o en páginas sociales. Nos comunicamos con gente independiente.


Antes de que saliera ParaNorman, estaban publicados los making-of en la página de Laika, tiempo antes de que saliera la película...
Sí, buen punto. Cuando estamos contando una historia, lo hacemos de forma en la que nos gusta mostrar al personaje. Por ejemplo, Norman haciendo algo, contar una historia de Norman haciendo algo. La publicidad es, obviamente, muy importante para nosotros, porque las publicidades que hagamos van a estar dirigidas a la misma gente, y van a ser coherentes con el resto de las cosas que hacemos. Por eso, por ejemplo, nuestros posters son más animados que otros. O se pueden ver escenas de making-of, para que la gente pueda ver qué es lo que está pasando. También, como en el caso de Coraline, el involucramiento del escritor, Neil Gaiman, hablando del film. Compartimos cosas con él, y luego él compartía cosas en su Facebook, o en Twitter, sobre la película. Es otra manera de hacerlo. Todo el marketing que hacemos está relacionado con la historia que estamos contando, lo hacemos de una forma que sea coherente con el material que producimos. Hay empresas con las que trabajamos, que son exceentes, de Portland, que entienden lo que hacemos, vienen al estudio y ven cómo trabajamos, e incluso nos ofrecen su experiencia para ayudarnos a contar la historia que queremos contar.


¿Qué buscan en Laika a la hora de contratar un artista?
Si vas a Laika, vas a encontrarte con gente que cuenta historias. El par de cientas de personas que trabajan ahí, todos, desde los animadores hasta el CEO de la compañía (que es un excelente animador), los que diseñan los vestuarios, los que construyen los sets, los iluminadores, todos son geniales en su propia materia, y todos comparten el hecho de contar buenas historias. Muchos, también, hacen su propio trabajo creativo. Tanto la gente en el departamento de cabezas, o en el departamento de vestuario, todos son creativos. Yo diría que el que esté interesado en trabajar para Laika debería ir a nuestra página y ver incluso fotos de los que trabajan ahí, leer sus biografías, es gente muy graciosa. Es un ambiente desafiante, pero ligero y divertido. El departamento de Recursos Humanos nos mantiene entretenidos, con parrilladas, almuerzos y demás. Lo primero que debería hacer alguien que quiere trabajar con nosotros es mirar nuestras películas, ser un gran narrador de historias, o tener habilidad con las manualidades.


¿Qué pensás de la animación en Latinoamérica y en Argentina?
Vi Luminaris en Annecy y fue la película más importante que se mostró ese año, la gente todavía habla de eso. La forma en la que cuenta la historia es genial. Creo que la gente, en Latinoamérica, entiende que hay películas más ingenuas pero que también hay cosas diferentes. Pasa cuando se piensa en México, o en Argentina, que es un país muy europeo, hay una mezcla de creatividades, de las culturas que formaron este país.
El caso de Luminaris fue increíble, tomaron Annecy como una tormenta. También hay muchos animadores y estudios independientes aquí, que parecen versiones en miniatura de Laika, donde la gente está haciendo sus propios muñecos, esqueletos, vestuarios, música. Muchas veces un solo estudiante o animador hace todas esas cosas solo, y es genial de ver.


¿Cuál sería tu consejo para gente que está comenzando su propia compañía, para construir y mantener su identidad?
Que sean buenos narradores de historias, y que sepan condensar las historias para mantenerlas sencillas: una buena historia en tres actos, simplemente. El desarrollo de personajes es muy importante. Hay cosas que se desarrollan con el tiempo, hay que continuar practicando, seguir haciéndolo. Por otro lado, nada nunca es perfecto, sino que siempre se está en la búsqueda de la perfección. Y eso va desde los animadores y estudiantes de animación a los profesionales, es la búsqueda de contar algo de manera genial. Es un proceso que puede empezar cuando tenés cinco años y continuar a medida que vas creciendo y mejorando. Hay una cita de Shakespeare que dice algo como “todas las historias ya se han contado, pero hay que contarlas de forma distinta” y, a veces, eso tiene que ver con la imagen, o con la técnica, o el estilo.


¿Qué consejo podés dar a la hora de posicionar una empresa en el exterior?
No estoy familiarizado con cómo se maneja acá en Argentina, pero a veces tenés que tener cuidado con compartir demasiado, tenés que cuidar tu historia o tener alguien de confianza que te aconseje al respecto. Pero, como en el caso de Luminaris, cuando sale al mundo y la gente la ve, encuentra distribuidores como Annecy, u otros festivales importantes. Hay que ser cuidadoso porque, teniendo el manager equivocado, la historia puede terminar en el lugar equivocado. Es importante encontrar a la gente indicada. Pero es una pregunta difícil de responder por las diferencias que puede ver con las regulaciones en Argentina. Tenés que estar seguro, si firmás algo, de tener buena representación legal, para proteger la historia. Una forma de lograr distribución es a través de festivales y universidades. Pero es muy importante mantenerlo protegido.


¿Tuvieron algún problema de este tipo en Laika?
No, porque, como una compañía grande, tenemos buena representación legal. Pero, por ejemplo, si alguien quiere suministrarnos una idea, tienen que hacerlo a través de un departamento específico. Si querés aportar una idea de una historia para Laika, no se puede hacer directamente. Es la forma en la que funciona la ley, son cuestiones legales.


Para terminar, ¿qué podés contarnos sobre el último proyecto de Laika, BoxTrolls?
BoxTrolls va a estrenarse el 26 de septiembre de 2014, en Estados Unidos. No sé la fecha en Argentina. Va a salir un poco antes en el Reino Unido. Es una historia sobre un pequeño niño, un bebé huérfano, abandonado en la calle, y sobre estos personajes llamados “BoxTrolls”, que viven bajo las calles. Una noche ven a este pequeño niño y se preocupan por él, así que lo toman y lo llevan a vivir con ellos. Luego el niño crece. Los BoxTrolls suelen salir a la superficie por las noches y luego vuelven a su guarida cuando sale el sol. Este niño piensa que es un boxtroll. Un día una niña lo descubre y le dice “¿Qué estás haciendo aquí, niño?”, y él se sorprende y descubre que es un niño. Es un viaje sobre el descubrimiento de sus orígenes, de encontrar su familia. Tenemos un repertorio de voces increíble, Ben Kingsley, Simon Pegg, Tracy Morgan, Elle Fanning (hermana de Dakota Fanning, quien hizo la voz de Coraline). Es emocionante, es algo que nunca hicimos antes, en cuanto a estilo. La técnica es la misma, todavía usamos veinticuatro cuadros por segundo, pero los vestuarios son mucho más elaborados, el cabello es increíble. Se puede ver la transición desde Coraline, a ParaNorman, hasta BoxTrolls, pero todos tienen en común la idea de transmitir una buena historia en una hora y media, más o menos, con los mismos elementos: suspenso, sorpresa, intriga.
Algo interesante de las películas de Laika, es cuando se presentan en eventos además del estreno general, como en festivales de cine. Las películas participan en festivales de cine infantil, pero también en festivales de películas de terror. BoxTrolls va a ser un poco distinta en este sentido, todavía tiene elementos que desafían a la mente, pero... ya lo van a ver cuando salga la película.


Redacción de preguntas, traducción al español y corrección: Sofía Poggi.

Realización de entrevista: Santiago Van Dam y Sofía Poggi.

Cobertura Taller Latinoamericano de Stop Motion, La Plata, 2013


Primer Taller Latinoamericano de Stop Motion
Moushon! hizo un seguimiento de la increíble experiencia del TLSM que consistió en un taller práctico donde un grupo de treinta y seis animadores de todo Latinoamérica hicieron un corto colectivo en pixilation, y charlas de expertos donde se presentaron Dante Sorgentini, Bernardo Clausi, la productora Can Can Club, Mark Shapiro y Juan Pablo Zaramella.


En la ciudad de La Plata se desarrolló, en la semana del 30 de septiembre al 4 de octubre, el Primer Taller Latinoamericano de Stop Motion (TLSM), en el marco del 8vo FESAALP, reconocido festival de cine que se lleva a cabo en la ciudad. El Taller fue una propuesta que surgió de CELESTE Estudio Creativo, para generar un espacio de intercambio y aprendizaje de stop motion dentro del marco del Festival. El proyecto consistió en una convocatoria a animadores de distintos países de Latinoamérica, con los más diversos currículums y experiencias en animación, generando así un grupo heterogéneo con una pasión en común: la animación. El taller tuvo como directora a Yashira Jordán, directora de Durazno (Árbol Cine Orgánico-Carrousel Films, en etapa de postproducción); a Daniela Scelsio, como productora; y al animador Igor Gopkalo Streif como guía y curador.


Taller de experimentación en pixilation
Las actividades prácticas consistieron en una jornada de organización y tres días de rodaje, para la generación de un corto en pixilation, en el que la totalidad de los participantes del taller (treinta y seis animadores de distintas edades y formaciones) fueron actores, directores y organizadores.
Uno de los aspectos más interesantes e innovadores del Taller fue que se contó con el apoyo del NIP (Núcleo de Investigación Pedagógica), con Enio Arroyo Gómez como coordinador. Gracias a ellos, se realizaron, a lo largo del taller, una serie de actividades lúdicas para reforzar la confianza, los vínculos y la soltura corporal en los participantes, además de generar un espacio de autoevaluación para generar un feedback entre participantes y organizadores, para futuras propuestas y para generar una continuidad de las actividades y los vínculos sociales generados en el taller. El principal logro del apoyo del NIP fue la generación de una verdadera experiencia colectiva y unificante para el grupo.
El Taller comenzó con un brainstorming, donde tres grupos plantearon tres propuestas distintas, que se llevarían a cabo en cada uno de los días de rodaje, conectadas. A esto se sumó una grabación de sonido generada íntegramente con las voces de los participantes, que fue operada por la sonidista Danitza Tapia. A su vez, contamos con la enriquecedora presencia de Estefanía Martínez, la fotógrafa que se encargó de la fotografía e iluminación del corto, así como la operación del software de captura.


Charlas de expertos
Tuvimos el agrado, en el taller, de conocer a los expertos que dieron conferencias especiales, entre los cuales se encontraban los talentos platenses Dante Sorgentini y Bernardo Clausi, realizadores de la serie animada ganadora de concurso del INCAA, Beto; el grupo de Can Can Club, la productora realizadora de Teclópolis, quienes transmitieron su experiencia en el mundo laboral de la producción de animaciones para publicidad. Luego, contamos con la estelar presencia de Mark Shapiro, el invitado que viajó desde Estados Unidos para formar parte del taller, como representante de Laika, la empresa que realizó Coraline y Paranorman. La charla final fue la de Juan Pablo Zaramella, junto al actor y guionista Gustavo Cornillón, quien protagonizó, junto a María Aché, Luminaris, su último corto en pixilation. Las charlas fueron en vivo en el Centro Cultural Islas Malvinas, donde se desarrolló el FESAALP, al mismo tiempo que se transmitieron en vivo por streaming para los espectadores online.
La primera charla, por Dante Sorgentini y Bernardo Clausi, fue un excelente caso de talento local en animación, en la que se mostró el proceso de producción Beto, la serie animada en stop motion ganadora de un concurso del INCAA. Los animadores mostraron los muñecos y esqueletos que desarrollaron para la serie, además de detallar el proceso de desarrollo, construcción de personajes, organización y todas las cuestiones inherentes a una producción de estas características.
En el segundo día, contamos con la presencia de los animadores y la productora de Can Can Club. Esta empresa hizo hincapié en el aspecto comercial y en la producción de animación para publicidad y trabajos por encargo. Además, transmitieron su maravilloso corto Teclópolis e hicieron un adelanto de su próximo trabajo, Inercia.
La tercera jornada de las charlas de expertos contamos con la presencia de Mark Shapiro, recién llegado de Portland, Oregon, Estados Unidos, con quien Moushon! tuvo el agrado de realizar una entrevista íntima. En la charla, Shapiro mostró material tanto publicado como inédito de la intimidad de Laika (empresa que produjo las películas Coraline y ParaNorman), dando a los espectadores un acceso directo a la realidad de los fantásticos sets de la productora. A su vez, adelantó la película que va a estrenarse el año que viene, BoxTrolls, y trajo una gran sorpresa consigo: muñecos de animación de Coraline y ParaNorman, que la gente pudo ver, tocar, y fotografiarse con ellos.
Para cerrar con las charlas, tuvimos la presencia de Juan Pablo Zaramella, junto a Gustavo Cornillón, protagonista y co-guionista de su corto Luminaris. En la charla, mostraron el proceso de ideación y producción del corto, desde pruebas inspiracionales, hasta el animatic y el making-of. Para cerrar con esta increíble jornada, los participantes mostraron a las dos eminencias el experimento en pixilation realizado por los mismos en el Taller.


Testimonios
Moushon! tuvo una entrevista personal con Yashira Jordán y Daniela Scelsio, las ideadoras y propulsoras del Taller, que acompañaron a los participantes y a los expertos durante todo el proceso.
Luego de haber realizado los separadores animados en la séptima emisión del Festival, surgió el proyecto, según contaron, el estudio de CELESTE, junto a Igor Gopkalo Streiff: “Hablando, surgió. Nos empezamos a conectar nuevamente con la gente del FESAALP, con Federico Ambrosi, para trabajar con ellos. Se lo comentamos, y surgió la posibilidad de hacer este talle. Esa fue la gran ayuda que nos dieron, nos cedieron el lugar. Y, de ahí, empezamos a planificar esta locura que se está viniendo”, cuenta Daniela. “Surgió la idea de hacer la convocatoria -porque el festival lo permitía- a nivel latinoamericano. Lanzamos la convocatoria, y por suerte nos respondieron de Venezuela, Colombia, Bolivia, México... Realmente tuvo una linda respuesta”.
A su vez, para permitir la apertura y accesibilidad del Taller, se otorgaron becas a la mayoría de los participantes, de forma que nadie quedara afuera: “La idea de las becas surgió enseguida, ni bien se planteó el taller. Queríamos que, al ser la primera vez, todos pudieran tener la posibilidad. Pensamos que, si íbamos a hacerlo selecto, tenía que ser por el lado del talento y, sobre todo, del interés, no por lo económico. Fue más que nada en eso en lo que nos fijamos a la hora de seleccionar a los becados. A la hora de convocar, pedimos una carta de interés, que tuvo más peso incluso que la video-filmografía de cada uno. Básicamente, tratamos de buscar una línea, que todos tuvieran en común ese interés por el stop motion, aunque fuera cada uno por un lado distinto”.
Habiendo concluido el Taller, charlamos con Igor Gopkalo Streiff, curador del taller, para preguntarle por su experiencia en este primer experimento, con el desafío de coordinar una cantidad tan grande de personas, y generar un producto animado en tan sólo tres días de rodaje: “Fue muy emocionante hacerlo por primera vez, todo un experimento, lanzarse así a la pileta. Y fue muy gratificante que los participante te transmitan y te devuelvan algo tan maravilloso, haber logrado todo esto. Tengo muchas ganas de seguir y de que siga mucho tiempo más, que nos volvamos a ver y generar experiencias iguales, mejores. Hicimos amigos, se afianzó una cosa genial, y ganas de seguir viéndolos diariamente”.
Los participantes también nos dejan su opinión: “la verdad que estoy muy contento, fue maravillosa la experiencia, crecimos muchísimo y, la verdad que todas las charlas fueron realmente estimulantes y ahora estamos todos desesperados por empezar a trabajar”. “El taller estuvo buenísimo, sobre todo por conocer gente, por hacer algo grupal. A mí lo que más me gustó fueron las charlas de expertos a la tarde, que te abren la mente, te das cuenta de que no estás tan lejos como uno cree.”


Hasta el año próximo...
La experiencia fue rica y amplia, aún con las complicaciones necesarias por ser el primer intento de este Taller. Los aspectos didácticos, lúdicos y sociales se combinaron en distintos espacios y actividades, generando un grupo unido y aprendizaje en distintos niveles.

La conclusión a la experiencia, la reflexión posterior que surge después de esta semana intensiva y de los largos meses de preparación, es que un evento así no sólo estimula el conocimiento específico de la disciplina, sino que también fomenta la producción y el desarrollo desde la generación de contactos que posiblemente tengan como fruto la generación de proyectos nuevos. Se produjo un riquísimo intercambio cultural entre los participantes de distintos países de Latinoamérica y de distintas regiones del país, logrando así generar una red de intercambio y un grupo ya unido por una experiencia de trabajo colectivo. Esperamos que esta experiencia continúe, crezca y se desarrolle junto a la animación y al stop motion.

Al infierno

Si no hacés la tarea te vas a ir al infierno,
y si no pagás la luz te la cortan.
Y si te cortan la luz no vas a poder hacer la tarea...
y te vas a ir al infierno.


If you don't do your homework, you'll go to hell,
and if you don't pay your electricity bill, you'll have no light.
And if you have no light you won't be able to do homework...
and you'll go to hell.

Medicamentos para el siglo XXI

Las pastillas venían con un papelito improlijamente doblado en dieciséis partes, en el que, además de los compuestos y contraindicaciones, podían leerse en letra minúscula los posbiles efectos secundarios, basados en un muestreo de siete mil millones de seres humanos, con o sin peluca.
Entre ellos, obviamente, la posibilidad de entrar en un pozo depresivo sin salida, para nunca más volver a la no menos triste realidad.
El segundo efecto enunciado, que sólo se presentó -aclara el papelito- en un 7,5 % de los sujetos en los que se testeó el medicamento, fue la pérdida total de la comprensión de las palabras, gestos, y cualquier otra forma de comunicación con otras personas.
En tercer lugar, alucinaciones paranoicas, generalmente acompañadas por delirios de grandeza. Pero estas podrían ser provocadas por la simple condición de existir, y no por el medicamento en sí, lo que, de todos modos, es irrelevante e imposible de comprobar.
Por último, una interminable lista de otras posibles aflicciones: diarrea crónica, pérdida de la fe en la humanidad, pérdida de la fe en la religión, concubinato infeliz, conformismo, aspiraciones de poder, zoofilia y una irreparable adicción al olor de los hisopos usados.
Finalmente, se aclara que los efectos son menos frecuentes en aquellos que toman la medicación antes de cada comida (y no después o durante), y que el efecto placebo mostró una eficacia exactamente igual a la del medicamento real.
En caso de vómitos o esquizofrenia consulte a su médico.


Medicine for the twenty first century
The pills came with a small paper, untidily folded in sixteen fractions, in which, besides the components and contraindications, one could read -in a tiny printing- the possible secondary effects of the drug, based on a sampling of seven billions human beings, with or without wigs.
Among them, obviously, the possibility of falling into a depressive abyss without any chance of escaping, for not ever coming back to the not less depressing reality.
The second secondary effect mentioned, that only showed -clarifies the little prospectus- in a 7,5 % of the subjects in which the medication was tested, was the complete loss of comprehension of words, gestures, and any other way of comunication with other people.
In the third place, paranoic hallucinations, generally accompanied with delusions of greatness. But these could be caused by the simple condition of existence, and not by the drug itself. In any case, this is irrelevant and impossible to prove.
At last, an endless list of other possible afflictions: chronicle diarrhea, loss of faith in humanity, loss of faith in religion, unhappy concubinage, conformism, power aspirations, zoophilia, and an irreparable addiction to the smell of used swabs.
Finally, it specifies that the effects are least frequent in those who take the medication before every meal (and no after or during), and that the placebo effect showed exactly the same effectiveness than the real medication.
In case of vomits or schizophrenia, call your doctor.

Auto re trato

Si tuviera que pintar mi autorretrato me representaría con pequeños gusanitos verdes saliéndome de los puntos negros de la nariz, con un sombrero de aviador y un bigote postizo. Me pondría anteojos de colores, los labios bien rojos y una corneta saliendo de la oreja izquierda. Mis pestañas me harían cosquillas en la frente, mientras un mono tití intenta ahorcarme con una corbata de colores. Tendría puesto un saco de piel, aros de miel y colmillos.

Algo así:


Self por trait
If I had to paint my self-portrait, I would represent myself with little green worms coming out of the blackheads of my nose, with an aviator's cap and a fake mustache. I would wear colour glasses, red lips and a party trumpet in my left ear. My eyelashes would tickle my forehead, while a marmoset would try to choke me with a colourful tie. I would be wearing a fur coat, honey earrings and vampire fangs.

Something like this.

La Bomba



Deben ser las nueve de la noche cuando llegamos al lugar. Vemos gente que ronda la entrada y, ya desde la vereda de enfrente, se escucha la música y el clamor de los espectadores. Bajo de la moto con las lágrimas heladas por el viento frío y todavía con la adrenalina de casi haber atropellado un par de peatones imprudentes.
La gente sigue llegando y entrando al lugar, aunque la banda está tocando hace rato. Por suerte, D. conoce a la chica de la entrada -una veinteañera simpática, delgadita y con rulos largos-, quien nos deja pasar gratis.
proporcional al olor a porro.
Extranjeros, argentinos, todos bailan con todos en la euforia creciente e inevitable generada por el ritmo de la percusión. Nos sumergimos en la masa de gente y encontramos al grupo que estábamos buscando. Cubanos, bras
El patio está prácticamente vacío: como me explican, en primavera y verano se toca afuera, y la convocatoria es mucho mayor. A medida que nos acercamos al escenario, el volumen de la música aumenta de manera directament
eileños, ¿algún jamaiquino? “Los negros” -como se dicen a sí mismos por algún motivo quizá demasiado obvio- se juntan los lunes en esa especie de terapia grupal a la que le dicen La Bomba. La recepción para los recién llegados es siempre la misma: un cuba libre y un faso. Los vasos y los porros pasan de mano en mano sin más presentación que una sonrisa.

haber ganado más de un corazón, mientras D. empieza a entrar en calor y a moverse para sacarse de encima el frío del viaje en moto.
De pronto la multitud se abre, F. tomó a una chica y bailan descontrolados en el centro del círculo. El resto estamos fascinados por la gracia y la sensualidad con la que se desenvuelven. La gente los aplaude, les grita. La cintura de la chica parece de goma, él la revolea y parece que se desarma. De pronto roza el piso con el pelo y, unos segundos desp
Me llama la atención uno de los chicos: mientras se bambolea lentamente, noto que tiene las rastas más largas que vi en mi vida (¡le llegan a las caderas!). Al lado suyo, el primo de D. luce sonriente su chaleco de seda y sus zapatos nuevos: “es el que mejor se viste”, me explican. F. me reconoce y me saluda con esa sonrisa con la que imagino que se deb
eués, está dando vueltas como un trompo. A unos metros, un par de chicas se lucen cerca del escenario con una evidente influencia de danza africana: los movimientos violentos y casi primitivos con los que sacuden su preciosa estructura hace que más de uno gire la cabeza. Las calzas que tiene puesta la rubia también ayudan a atraer las miradas. Nos estamos moviendo, cada vez con más intensidad. A cada rato se escucha un “¡Oye, chica!”, o un “¡Sabrosura!”, que incita aún más a perderse en los movimientos. No tenemos pareja fija: todos y todas vamos pasando de mano en mano, regalando sonrisas sin dueño, agarrándonos, dejándonos agarrar y permitiendo al cuerpo fluir.

acción, debajo del ala de un sombrero quizá demasiado “turista”.
En el baño, las mujeres se amontonan frente al espejo. Los pisos blancos están llenos de un barro que aumenta a medida que la gente sigue entrando y saliendo en un vaivén constante. Una italiana espera para pasar mientras dos chicas de pelo negro se maquillan y hablan de algún amo
En un rincón, junto a una columna, dejamos apiladas nuestras cosas. Los sacos, camperas, bolsos y carteras forman una torre. Esto deja en evidencia, por un lado, cómo hace subir la temperatura la danza fantástica que se desarrolla y, por el otro, cómo deseamos desprendernos de nuestras pertenencias para movernos libres al ritmo de los tambores. Alejándonos del escenario, en una barra, las mozas van y vienen saludando a los viejos conocidos, regalando tragos. Ahí nos acomodamos y empezamos a armar. Un yanqui de unos cuarenta y cinco años practica su español conmigo, mientras que yo practico mi inglés con él. Sus ojos arrugados delatan cansancio, pero también satis
fr frustrado. Vuelvo con mis chicos y llega el momento de entrar al ojo del huracán, de perderse en el mar de gente. “Vamos al centro”, grita la manada, con un tono que implica que es acción obligatoria en el clímax de la noche. “Agarra tus cosas, chica, que vamos a movernos”, me dice D. La pila de pertenencias se desarma y nos abrimos paso entre la multitud. Ahí ya están “los negros”. Cantan y gritan. El que, no sé porqué, pienso que es jamaiquino, está apoyado contra una columna y, perdido en su mente, tararea mientras se mece de un lado al otro. Bailamos descontrolados, saltamos, se abren círculos, y se cierran con violencia. Veo a D. cada vez más lejos y, cuando puedo, me acerco.

cuantos más, reconozco al chico de gorrito negro que toca los martes en la roda del Rincón.
Estamos todos perdidos y encontrados. Los sonidos entran y salen de la mente, se mezclan con la realidad, determinan la totalidad de los pensamientos. Sólo percibo en música y, hasta los colores y las formas, parecen transformarse en ondas rítmicas que percuten el cerebro. Mientras se acerca el final, la desesperación aumenta: no puede terminar, tiene que seguir. La gente está sumida en un trance, en una felicidad eterna y efímera al mismo tiempo. Las piernas se mueven solas, las melenas se revolean acá y allá, las cinturas estrechas son tomadas por manos grandes y sólidas. La gente se adora.
Llega el momento, el espectáculo termina... pero sólo es el comienzo: la banda no deja de to
En un momento se escucha un grito, debe ser F.: “¡Ahora las mujeres!”. Nos abren el camino y nos empujan al centro: somos tres o cuatro, cada una haciendo una danza distinta, pero en perfecta armonía. A mí me sale la samba brasileña; otra chica baila más bien una salsa, y otra se mueve con un aire de candombe. Todo encaja con la percusión. Saltamos y sonreímos hasta que nos duele. Ninguna puede salir porque nos vuelven a empujar al centro. Finalmente, se desarma la formación y volvemos a ser la marea que éramos antes. La banda, a la que ni siquiera presté atención hasta el momento, está tocando más enérgica que nunca mientras se anuncia el inminente final. En el escenario, entre unos
car, sino que lentamente se arma una caravana que sale del lugar y se detiene en la puerta hasta que el colectivo de gente los rodea. Lentamente se dirigen a la derecha, a seguir la fiesta en otro lado. Las almas están inquietas, llenas de adrenalina, en un lunes de invierno que sabe a carnaval.
Veo cómo se alejan a paso de caracol, haciendo los sonidos cada vez más distantes. Me alegra no seguirlos porque me deja la sensación de que van a seguir para siempre. Si no veo el final es porque nunca terminó: la caravana va a ser eterna.