Casa tomada, casaca marciana. Casi se casa.
Cesen los casos, cosas cansadas.
Quise que cosa, quieren sucesos.
¿Quiso qué cosa?
Cuecen sin sesos, sacan los quesos.
Sacian las carcasas, la caca se seca.
Surcan las cruces, ceden las creces.

Charlar



"Cuando se lave el mate", dijo Pupi mientras miraba a través del vidrio a su perra Florentina Martínez. Le había puesto de nombre "Florentina Martínez" porque consideraba que ella misma tenía nombre de perrito, así que era demasiado obvio que su mascota tenía que tener un nombre de ser humano, respetable y serio.

Florentina Martínez miraba a Pupi desde el patio de baldosas rojas, desde donde se esmeraba en poner la cara más enternecedora que sus capacidades actorales le permitían. Considerando que sólo había estudiado dos años de teatro, estaba bastante bien. De hecho, Florentina Martínez había considerado una carrera en el mundo del cine, pero después de su castración muchos de sus sueños juveniles se apagaron en un cono de vergüenza.

Pupi, por su lado, había dejado un par de sueños, también. Había querido tener un hijo, una vez. Pero Florentina Martínez terminó siendo su única compañera. Hacía meses que ya ni siquiera pensaba en la posibilidad. Por suerte sabía que su inutilidad de administrar su propia vida era la mejor excusa para ni siquiera tener que seguir planteándose el cuidar a otro ser vivo... Florentina Martínez no contaba: se cuidaba sola. Es más, Pupi sospechaba muy a menudo que era la perrita quien la cuidaba a ella, despertándola a la mañana cuando se quedaba dormida, protegiendo el departamento, y haciéndole sopa y té de jengibre cuando estaba mal de la garganta.

Además de Pupi y Florentina Martínez, en el departamento interno de tres ambientes con patio de baldosas rojas vivían dos pósters, algunos muebles viejos y un centenar de libros de los temas más amplios y variados, desde cocina tailandesa hasta ocultismo, desde autoayuda femenina hasta física mecánica. Pupi no leía mucho, Florentina Martínez sí. De hecho, luego de la mencionada castración, fue un hábito que comenzó lentamente a sustituir los otros sueños más atrevidos y joviales.

Pupi vivía en ese departamento -junto con Florentina Martínez y sus otros acompañantes-, hacía unos seis años. Antes había vivido con un novio, antes con una amiga, y antes con su mamá en Río Tercero. Cuando uno vive seis años con acompañantes no-humanos, hay ciertos hábitos que empiezan a desarrollarse gracias -o por culpa de- nuestra imperante necesidad de socializar todo el tiempo. Pupi había empezado a hablar sola unos ocho meses después de mudarse. Empezó con algunas exclamaciones. Por ejemplo, ese día que quiso prender un cigarrillo con la hornalla y se quemó las pestañas. "¡La reputísima madre!", gritó. Otro día, cuando casi se resbala en la ducha, no pudo evitar exclamar un "¡Carajo! Casi me voy a la mierda". El segundo indicio de auto-comunicación surgió con comentarios simpáticos a Florentina Martínez. "Hola, linda", "Vení, vamos al parque", "No, ahí no", y las otras típicas observaciones sobre el universo que pueden comentarse a un perro de raza indefinida. En definitiva, para pasar de un "¡Laconcha de la lora!" y un "No hagas pis ahí" a hablar solo, sólo hay un corto camino. A los dos años de vivir ahí, Pupi no sólo se comentaba el clima a sí misma y cantaba en la ducha, sino que podía incluso llegar a tener airadas discusiones. Cuando la cosa se ponía seria, tenía que frenar frente al espejo para dejarse las cosas bien claras antes de que la agresión verbal se transformara en física.

"Cuando se lave el mate", volvió a decir, esta vez mirando una mancha de mermelada en el mantel cuadrillé de plástico rojo. El agua, dentro del termo, empezaba a enfriarse. La yerba empezaba a cansarse.

Florentina Martínez, por su lado, también había empezado a hablar sola. Por supuesto, lo hacía cuando Pupi no estaba en la casa. A veces sacaba un libro, al azar, de la biblioteca, y leía pasajes enteros en voz alta. Sus preferencia eran las obras de teatro, ya fueran actuales o clásicas, buenas o malas. No importaba. Ella actuaba, en la lectura, todos los personajes, y se vislumbraba joven y con el pelaje radiante, en un magnífico escenario de madera, frente a cientos de personas aplaudiendo furiosamente, con las palmas de las manos en carne viva, a punto de explotar, por la intensidad de la ovación. A veces, cuando tenía cansada la vista de leer, o no tenía ganas de subirse al escritorio para alcanzar la biblioteca, Florentina Martínez inventaba sus propias historias, siempre con heroínas valerosas (que ella misma encarnaba, en su imaginación), que rescataban de la perdición a pobres perros abandonados o maltratados en los más diversos escenarios: barcos pirata, mansiones coloniales, guerras mundiales o, incluso, el espacio exterior. Cuando llegaba Pupi, de todas formas, se acababan las historias y sólo se dedicaba a cantarle canciones de cuna. Se preguntaba, a veces, quién cuidaba a quién.

"Se lavó el mate", dijo Pupi. Agarró una hoja y una lapicera y escribió:
"Hola, ¿cómo estás? Soy yo, Pupi, la vecina... del departamento cinco. Quería decirte... bueno, quería escribirte. Por ahí -no sé, pero por ahí- tenés ganas de pasarte a tomar unos mates un día de estos. Yo estoy toda la tarde acá, siempre, sola... Bueno, sola no, estoy con Florentina Martínez, mi perra. No es mi perra, obviamente, no puedo decir que es mía, pero vive conmigo. Así que, nada, por ahí tenías ganas. Vi que vos también tenés un perro, si querés podés traerlo, no es tan lejos, considerando que nuestras puertas están a dos metros de distancia. Seguro quieren ser amigos... Bueno, eso nomás, por ahí querías venir a charlar... o, mejor, a no charlar, un rato. A tomar un mate rico, entre vecinas, ¿dale?".

Se paró y, sin releer la nota, la pasó por abajo de la puerta del departamento cuatro.

Las botas

Rapunzel iba campante por la calle, cuando el Juez que iba camino al tribunal le gritó sin piedad:
-Te dejo sólo las botas, el resto te lo chupo todo.
A esto, nuestra heroína contestó sin alterar la expresión de su rostro:
-Caballero, subestima usted el sabor de mis pies.


Diabluras


En el Club de Trabajadores Subacuáticos suele haber conflictos armados, sobre todo los fines de semana. Las discusiones no suele salirse de dos o tres temas trascendentales que discordian la existencia de estos húmedos obreros.
En primer lugar callate, no te quiero pagar más. Por suerte tengo un mecanismo de defensa, que se activa después de cada intento de suicidio. Me desperté contento.
Otra cuestión es que si tengo cinco manzanas, y le tiro cuatro a tu vacío existencial, vos terminás más lleno y yo menos cargado.
Por último, no me molesten cuando los estoy molestando, que me distraen.

Soledad salió corriendo de la asamblea y se subió a su bicicleta roja con pompones de colores en el manubrio. Un cartelito que orgullosamente proclamaba "Un auto menos" hacía de patente, pero en realidad ella no quería terminar de entender muy bien por qué un auto menos era mejor que "una bicicleta más". Estúpidos. En la avenida, los autos rozaban su andar, haciendo que ligeramente se inclinara. Los micros producían el efecto más aterrador. "Ya debería haber muerto unas cinco veces desde que salí", pensó Soledad. "Evidentemente, andar en bicicleta es un arte de magia".
-Hablábamos todos al mismo tiempo... Como siempre. Había mates y donsatur. Nadie se ponía de acuerdo.
-Todo bien.
-Sí, todo bien... Pero, de repente...
-¿Qué pasó?
-Nada... fue raro. De repente se callaron todos. Y Charly quiso decir algo pero, antes de hablar, levantó la mano. Y así, uno atrás del otro... Fue muy loco.
-¿Y qué hiciste?
-¡Lo lógico! Salí corriendo, y me vine en bicicleta.

Dios estaba sentado atrás de su escritorio de mármol. Sobre el mismo, había un lapicero de cartón que le regalé para el día del amigo en el año 1998. Las figuritas se estaban empezando a despegar. Jugaba distraídamente con una lapicera rosa que, en la anti-punta, ostentaba una gran pluma del mismo color, probablemente arrancada despiadadamente de la cola de un ganso y luego teñída con sangre de bebé caucásico.
En el techo de la oficina había un vitraux que mostraba a Dios saludándose con las más importantes celebridades de la Tierra: Madonna, Alejandro Magno, Robotina, y otros.
De pronto, sonó el intercomunicador espacial tres punto cero. Una voz femenina informó: "Lamento molestarlo, Señor, pero Satanás está nuevamente jugando con los asambleístas".

Mientras tanto, Satanás, habiendo concluido sus fechorías del día, paseaba melancólicamente por el parque San Martín, dentro del cuerpo de una jovencita de unos veintidós años. Desafortunadamente para él, la chica estaba en un momento hormonal muy complicado, por lo que el Príncipe de las Tinieblas se vio obligado a comprender, súbitamente, lo espantoso y fútil de la existencia.
S: ¿Querés ser dibujante?
J: ¿Qué es eso?
S: Trabajar dibujando.
J: Pero, ¿dónde es eso?
S: En todos lados, todo el día, en tu casa, en la oficina...
J: Pero ya hago eso.
S: Entonces ya sos dibujante.


















Poesía vogónica



Imperfecta como un unicornio salticando en un arco-iris
Horrible como una torta de chocolate con chispas de chocolate bañada en chocolate
Mala como un patito bebé ronroneando
Tonta como sus retoños

Sentimental como una computadora
Graciosa como una vainilla
Hace mates ricos como aceitunas

Y nunca, nunca, se peina

Amantes animales sádicos en búsqueda de un cambio trascendental

Se puso el moño, frente al espejo. Estaba torcido.
-Vení, María, ayudame que el moño me queda torcido.
-Ya voy, esperá que estoy bañando al lagarto y no le sale la mugre de las escamas.
El moño era rojo con lunares amarillos, y estaba totalmente cubierto de hormigas carnívoras. El lagarto era amarillo con lunares rojos, rara vez estaba cubierto de algo, más que de mugre.
-Mamá, vení a ayudarme con el lagarto que no puedo sacarle la mugre de las escamas -gritó María.
-Bancá que estoy intentando atrapar los anteojos que se ofendieron y se escapan de mí.
-Dale, María, vení que el moño me queda siempre torcido.
A medida que intentaba enderezarlo, esperando a María, todos los cuadros de la casa empezaban a torcerse hacia un lado y hacia el otro, rítmicamente, siguiendo al moño.
-Roberto, ¿por qué no dejás de boludear y me ayudás a atrapar los anteojos?
-¿Pero no ves que estoy esperando que se asome el ratón para pegarle un mazazo?
El viejo esperaba con tensa antelación que asomara un roedor como ningún otro del agujero que se abría en el antiguo piso de madera.
El moño seguía torcido.
-Dale, María, ¡que me queda torcido!
El lagarto seguía sucio.
-Dale, Mamá, la mugre de las escamas.
Los anteojos correteaban.
-¿Me podés ayudar, Roberto?
El ratón no aparecía.

El ratón había empacado, dos días antes, sus pocas pertenencias, y se había ido para no volver a ese juego de locos. Decidió conocer otras ciudades, otros países, para descubrir otros juegos, otras realidades.
Sólo extrañaba a su amante sádico, el lagarto overo, quien no había querido partir con él. Llevaba su foto en el bolsillo derecho, y a cada rato la miraba, soltando pequeñas lágrimas de roedor que, como ácido abrasivo, disolvían el piso debajo de ellas.




Catarsis amorosa de un indeciso

Metele que son pasteles y se me cae la bombacha confundida -de la emoción- cuando se pierden en el bosque corriendo atrás del oso gigante cuyos terribles tornados me trajeron volando hasta acá donde tan feliz estuve esa noche leyéndote incongruencias tan geniales nunca me sentí mejor andate no vengas más que está todo mal que mal nos vamos conociendo nos vamos dando cuenta que las horas pasan solas cuando nos colgamos las cosas colgamos charlando y me hacés pensar en cosas que no había pensado antes de conocerte era feliz pero cuando te veo me mata la ansiedad de saber qué contenta me pusiste cuando me enteré que cambiaste pero no cambiaste y eso me pone todavía mejor peor mejor andate andá no muy lejos de acá nos conocimos y fue instantáneo y no paró más vale que te quedes quiero estar al lado tuyo y no me molesta que te quedes a la mañana hablamos y vemos qué hacemos.



catarsis
  1. f. Efecto purificador que causa cualquier tipo de milanesa u obra de arte en el espectador:
    las tragedias griegas llevaban a la catarsis a los espectadores, las milanesas también
  2. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo:
    se emborrachó y me hizo catarsis arriba del parquet
  1. P. ext., eliminación de recuerdos que perturban el equilibrio nervioso:
    el vodka es el mejor amigo de la catarsis

Covertura Festival Internacional ANIMA Córdoba 2013


Séptima Edición del Festival Internacional de Animación
ANIMA 2013


Como todos los años, en el mes de octubre se llevó a cabo el festival ANIMA, en la Ciudad Universitaria de Córdoba Capital. Esta nueva edición, ANIMA 2013, se desarrolló en los días 10, 11 y 12, conformando días especiales y únicos en este año plagado de eventos, estrenos y festivales. Gracias al esfuerzo de un gran grupo de organizadores y a la participación de gran cantidad de cortos y largos animados de altísima calidad, se generó un espacio que acogió a animadores, artistas, cineastas y público general en tres jornadas intensivas.


Lanzamiento
La previa al festival fue el sábado 5 de octubre, cinco días antes del comienzo del festival. En el puente Santa Fe se realizó el acto de lanzamiento, con una actividad al aire libre irresistible tanto para animadores y amantes de la música, como para cualquiera que transitara las calles aquella noche: la musicalización en vivo por la Banda Sinfónica Municipal (dirigida por David Antezana), de dos cortos importantísimos en la historia de la animación nacional. Por un lado, el reconocido y premiado corto Luminaris, de Juan Pablo Zaramella; y, por el otro, el clásico e histórico Bongo Rock del gran animador rosarino Luis Bras. Además, se musicalizó el corto polaco The Lost Town of Switez, de Kamil Polak, y se proyectó la película Metegol. Esta jornada fue el anticipo al festival, en un acto de difusión de grandes imágenes de nuestro cine de animación nacional, para el público general.


Jurados, competencias, ganadores
El festival comenzó temprano el jueves 10 de octubre, con nada más ni nada menos que una charla del británico Paul Wells, uno de los renombrados integrantes del jurado internacional, quien desempeñó este cargo junto a la canadiense Martine Chartrand y la checa Michaela Pavlatova. Estas tres figuras, de talento innegable y de logros en el mundo de la animación a nivel internacional, conformaron un jurado especial y único, que vino a reunirse en tierras cordobesas para traer parte de su experiencia y alegría al Festival. A estos se sumó un Jurado de largometrajes que también contó con grandes figuras: la animadora estadounidense Marcy Page, el italiano Andrea Martignoni y el investigador argentino Eduardo A. Russo.
Por otro lado, el jurado nacional estuvo conformado por Raul Manrupe (historiador, investigador y realizador), Nelson Luty (experienciado director de arte en animación) y Luis Paredes (ilustrador y animador).
Al mismo tiempo, hubo un Jurado Estudiantil, un Jurado de Animación para TV, un Jurado de Animación para Niños y el famoso Premio del Público.


Los tres días fueron un incesante pasar de competencias y proyecciones. Las categorías fueron: Competencia Internacional (sesenta y cinco cortos); Animaciones para Niños (veintiún cortos); Competición Largometrajes (cinco películas); Animaciones para TV (dieciséis cortos); Animación Argentina (treinta y un cortos). Al mismo tiempo se hicieron muestras de distintas escuelas, festivales y panoramas nacional e internacional de cortos.


El Jurado Internacional otorgó el Premio a la Mejor Animación – Historias Animadas al cortometraje Padre (Santiago Grasso, Argentina); el Premio a la Mejor Animación – Temas y Ritmos al cortometraje Snail Trail (Philipp Artus, Alemania); el Premio a la Mejor Animación – Videoclip al cortometraje Autour du Lac (Delphien Cousin, Bélgica); el Premio a la Mejor Animación – Animación promocional y publicitaria al cortometraje Magic Mushroom (Michaela Gote & Julian Weib, Alemania); el Premio a la Mejor Animación – No ficción al cortometraje Mademoiselle Kiki et les Montparnos (Amelie Harrault, Francia), que también se llevó el Premio del Público. Finalmente, el prestigioso jurado concedió el Gran Premio del Jurado al cortometraje I Am Tom Moody (Ainslie Henderson, Reino Unido).
La película ganadora en la competencia de Largometrajes fue Anima Buenos Aires, de María Verónica Ramírez (Argentina).
El Jurado Argentino, en una especie de broma interminable con menciones inventadas, hizo la siguiente premiación: Mención Humor a Superbot (Pablo Alberto Díaz & Gervasio Rodríguez Traverso); Mención Mejor Arte a Modesta historia de un suntuoso derrochón (Gonzalo Rimoldi); Mención por su observación de la conducta humana a …de costumbres (Pablo Cirilli); Mención por la realización escenográfica a Inercia (Becho Lo Bianco & Mariano Bergara); Mención por su creatividad, dinámica y alto nivel profesional a Pasteurizado (Nicolás P. Villareal); Mención Especial por su impecable realización a Padre (Santiago Grasso); Gran Mención Nacional a Tiro al blanco (Pablo Kondratas & Nahuel Jacome). Finalmente, el Jurado decidió entregar el Primer Premio Nacional al cortometraje Shave It (Jorge Tereso & Fernando Maldonado).
El jurado estudiantil, entre producciones provenientes de escuelas de cine, video, televisión y animación, premió como Mejor Trabajo de Escuela al cortometraje I Am Tom Moody, de Ainslie Henderson, perteneciente a la Edinburgh College of Art (Escocia). También se hicieron menciones especiales a los cortos Puntos, de Patricia Gualpa, perteneciente al Dpto. De Cine y TV de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y The day I killed my best friend, de Antonio Jesús Busto Algarín, perteneciente al Máster en Animación, UPV, Valencia (España). El Premio a la Mejor Animación para TV, otorgado por el Jurado de Animación para TV, fue para Migrópolis, de Carolina Villarraga (Colombia).


Charlas y conferencias: Moushon! en ANIMA
Además de las competiciones, proyecciones y muestras, se realizaron en el festival numerosas charlas, seminarios, talleres y conferencias. Entre ellos podemos destacar los distintos seminarios y charlas de producción con herramientas libres; el taller de pixilation de Juan Pablo Zaramella; el taller de diseño de personajes dictado por Lucas Nine; el seminario “Paisaje sonoro animado” por Andrea Martignoni y el Taller de personajes y objetos para stop motion, por Walter Tournier y Lala Severi, entre otros tantos.
Moushon! formó parte del evento, dando una charla en la que se presentaron cuatro proyectos de animación en desarrollo, para los cuales la revista está haciendo un seguimiento, al mismo tiempo que acompañando con promoción y difusión. Los proyectos son El niño y la noche (El Molinete Animación, Santa Fe), Las aventuras de Maky (Cubo Consorcio Visual, Bahía Blanca), Pacha Wawa! (Celeste Estudio Creativo, La Plata) y Ronko (Del entretecho, Neuquén).


Un vínculo que se fortalece
El festival, en sí mismo, fue un espacio de crecimiento e intercambio personal. El ambiente amistoso que se genera cada vez más sólido en el mundo de la animación argentina es palpable, y es todo gracias al esfuerzo de aquellos que estimulan la producción de espacios como ANIMA, u otros festivales, eventos, talleres, jornadas o charlas en torno a la creciente industria del cine animado. Moushon!, desde su humilde lugar, se alegra de ser el medio difusor de estas actividades, y un componente más del gran equipo de animación argentino.

Sofía Poggi

Overdose II


Tenían cinco guantes de oro, que se ponían -uno cada uno-, en la mano derecha.
Así salían los quintillizos de la calle Tubérculo a pasear todas las mañanas.
Cinco guantes dorados saludaban damas sonrojadas al pasar.
Cinco caballeros tuberculosos hacían de sus galanterías un espectáculo decoroso sobre el empedrado urbano.
Las muchachas se desmayaban ante la simple mirada de los jóvenes, ante la ligerísima brisa expedida por alguno de sus gestos. Sus bombachas caían al suelo con semejante fuerza que inmensas grietas se abrían entre los adoquines, generando disturbios en la ciudad.
Los quintillizos, a pesar de la increíble atracción que generaban en el sexo opuesto, preferían perderse para siempre en su infinita orgía de narcisismo y adoración egocéntrica, rodeados de papel picado y drogas pesadas.
Eventualmente, murieron de sobredosis.


El dragón, el libro y la jeringa


Había una vez, hace muchos años, una hermosa princesa, que vivía en un hermoso palacio.
La princesa tenía todo lo que podía desear, ya que su padre, el excéntrico rey (amante de las fiestas y las comilonas), le concedía todos sus deseos.

Un día, la princesa, en su aburrimiento cotidiano, decidió poner a prueba a su padre, pidiéndole nada más ni nada menos que un dragón salvaje, para tenerlo de mascota.
-Si me amas, padre -dijo la princesa frente a toda la corte- debes cumplir mi deseo. Quiero un dragón como mascota y no me importa lo que tengas que hacer para conseguirlo.
El rey, sin dudarlo, convocó a los mejores hombres del reino, y los envió en una despiadada caza de un dragón salvaje, para su amada niña. Unos días después, la comitiva volvió con la bestia enjaulada. La princesa estaba de lo más contenta con su nueva mascota: le puso nombre, una larga cadena en el cuello y todas las tardes las pasaban juntos en la terraza del palacio, entre flores de todos los colores y fuentes de agua. El dragón se divertía cazando pájaros que, luego, junto a su ama, escondían debajo de las almohadas de las damas del palacio.

No pasó mucho tiempo hasta que la princesa volvió a su aburrimiento, y decidió, una vez más, poner a prueba la paciencia y las capacidades de su padre.
-Ahora lo que quiero es un libro mágico, donde siempre haya historias nuevas, con dibujos de colores, y finales felices -dijo la princesa al atareado monarca.
Con algo de preocupación, el rey convocó a todos los hechiceros, científicos y alquimistas de la ciudad, a quienes puso a trabajar en los sótanos del palacio, dándoles todos los elementos y materiales que pudieran ser necesarios (inclusive hilos de oro y gotas de rocío lunar), para que lograran el maravilloso artefacto. Finalmente, luego de algunas semanas, ante la impaciencia de la princesa, el grupo de expertos logró llevar a cabo el deseo de la niña, quien, contenta, disfrutó cada noche de su libro mágico, a la luz de las velas.

Pasado un tiempo, cuando la joven sintió que ni el dragón ni el libro mágico satisfacían del todo su existencia, la princesa decidió hacer un nuevo reclamo a su padre.
-Padre, he decidido que quiero inyectarme heroína -dijo la princesa frente a toda la corte.
El rey, como siempre, satisfizo los deseos de su amada hija quien, un par de días después, murió de sobredosis.

Enganches

Iba muy concentrado. Pan, queso, pan, queso. Miraba las baldosas mientras avanzaba, rápido. La gente lo ponía incomodísimo. Hasta que miró para arriba y la vio. Ella iba seria, también, pero, de repente, como si le hubiera aparecido un feliz recuerdo en la mente, esbozó una sonrisa.

Pan, queso, pan, queso. Iba caminando ella. Cuando, de pronto, se acordó algo que había pasado hacía ya tres noches, algo que por algún motivo su cerebro había ocultado entre las bambalinas de la memoria. Se alegraba mucho de haberlo recordado: "tengo algo para vos", le dijo el muchacho mientras apagaba la luz, y le puso algo en la mano que no pudo identificar inmediatamente. "¡Una estrellita!", exclamó mientras él le acercaba un encendedor prendido. El microfuego de artificio iluminó, por unos cuantos segundos, la oscura habitación en una danza ebria. Entró al quiosco, la que atendía miraba la novela.

"No puedo ver dos minutos seguidos sin que alguien venga a romper las bolas", pensó. Le alcanzó los cigarrillos a la chica quien, por cierto, parecía bastante boluda, o abstraída. Le dio el cambio sin pensar, automáticamente; nunca se equivocaba. "Al final para qué tanto estudio, tanto esfuerzo, si estoy laburando en este lugar de mierda. Lo único que puedo hacer es mirar la tele... No me dejan traer ni un libro". En la pantalla, Monserrat de los Caballos descubría -con una sobreactuada interpretación- que Felipe era, en realidad, su medio hermano.

En el set de filmación Sara se peleaba con el director. "¡No es nada natural esto, Alfonso, nadie actúa así". A los veintinueve años empezaba a reaccionar contra su entorno. Tantos años siguiendo indicaciones... Para este momento esperaba poder actuar de verdad, no seguir formatos aburridos para viejas fantaseantes. "Ya estoy grande para esto", dijo, mientras salía del set. En la puerta del estudio un gato se lamía las partes. Se rió. El gato la miró.

Miau. Miau. Comida. Persona. Grrrr. Gato, gato, gato. Persona. Comida. Persona pequeña, mimo.

Martina acarició al gato mientras su madre le tironeaba la mano para seguir avanzando. "Ma, ¿por qué no puedo tener un gatito así?", le preguntó. La madre no contestó. Seguía caminando rápido, tirando de la mano de la niña. "Yo quiero un gatito", dijo mientras se distraía mirando las nubes. Subieron al auto. A Martina le gustaba viajar sola con su mamá porque la dejaba ir en el asiento de adelante, si se ponía el cinturón. Mientras pasaban pudo ver a una señora con dos carteras, tres perros (dos con correa), y a dos chicos grandes dándose un beso.

"No pudo creer que esto al fin esté pasando... Basta, concentrate. Disfrutalo", pensó con los ojos cerrados, mientras entraba en el trance hormonal del apasionado beso adolescente. Su primer beso. Ojalá que no se notara. Le daba un poco de vergüenza, estar ahí haciendo eso en el medio de la calle. Se lo había imaginado re distinto. Además se sentía distinto. Sentía que las lenguas tenían mucho menos espacio para moverse del que se había imaginado, era todo mucho más palpable. De repente, sintió una mano debajo de la pollera. "Salí, pelotudo", dijo, mientras le daba vuelta la cara de una cachetada.


Espigón

espigón

  1. m. Punta del palo con que se pincha a los animales cuando no hacen la tarea.
  2. Punta de un instrumento puntiagudo utilizado para actividades sexuales sadomasoquistas.
  3. Macizo saliente que se construye a la orilla de un río o mar para proteger la orilla, desviar la corriente, o sacar fotos.

Tengo unos zapatos mágicos que vuelan cuando todas las luces están apagadas. Me los pongo y se elevan tres centímetros en el aire, pero solamente en mi cumpleaños.

Una vez soñé que me metía en un lago de piñas duras y ásperas, mientras un enemigo salía de una cáscara de banana gigante.

Las tres y media de la mañana es la hora de los panqueques, con mucho amor y tristeza, con vino y percusión.

Tremendas ganas de bailar te dieron cuando te perdiste sola en la marea. Alguien te está buscando.

Y seis botones es mucho, es una prueba para detectar a la gente paciente, la que se toma el tiempo de disfrutar el ritual, la que enriquece el juego con expectativas y ansiedades tan tangibles como los dedos de los pies.

Irradiar animalidad es la profesión por excelencia del siglo XXI, los que se dediquen a ella van a conquistar no al mundo, sino al resto de los hombres y mujeres; no al dinero, sino a la pasión.

La nostalgia necesita un -aunque sea- breve tiempo de cocción. Se le agrega comino, cilantro, y se la deja a fuego lento unos cuantos meses, años, que parecen siglos.


"Andá al pasillo y colgate", me dijeron una vez, sin querer.
Los viajes son la bisagra de la vida, los puntos de inflexión. Los recuerdos de todos se mezclan en una misma urdimbre desenfrenada, desordenada, ilógica total. Se sale de la razón cotidiana y se entra en otro tiempo-espacio.
Un alféizar más ancho de lo normal, como para sentarse toda la tarde; un campo suntuoso donde las avispas y las arañas batallan a muerte junto al cráneo de vaca; un eterno viaje por autopista que no lleva más que a un eterno retorno en autopista; una siesta en un verano ajeno, en un parque que está en otro idioma; un océano que nunca vi, más frío de lo que debería ser legal; horas en la ruta haciendo dedo, con una olla de comida extraña como el más preciado tesoro...
Y tantas imágenes más.


Viajar todos los días. De casa al trabajo. Viendo las cosas como si fueran nuevas. Actuando como si uno estuviera en un país desconocido, sin inhibiciones.

La muerte y el lápiz labial

Miraba el espejo retrovisor, totalmente paranoica, desde el asiento trasero. En algún lugar de la ciudad Marcos me esperaba, completamente empepado, ¿o era parte del sueño?

Salí de la ducha, corrí hasta la ventana. Cuando estaba por tirarme, vi mi reflejo desnudo en el edificio de enfrente. Se veía mi cuerpo distorsionado a lo lejos, asustado. Mi expresión me era totalmente ajena, los ojos desorbitados. ¿Qué estoy haciendo?

Marcos entraba al café, buscaba imágenes, perdido, en el techo. Quiero correr. Así como había entrado, salió trotando. Mientras, paso tras paso, se perdía en el apagado y lejano sonido que devolvía la tierra después de cada impacto, con un desfasaje considerable entre imagen y sonido. Se sacó la remera y la tiró al piso. Se sacó el arito de la ceja y se lo guardó en un bolsillo. Siguió corriendo.

A las cuatro menos cinco estaba en la plaza. Después de cinco minutos vi pasar el auto violeta, que me llevaría a un lugar a donde, por algún motivo, tenía que ir. No recordaba por qué ni a dónde, pero me daba vergüenza admitirlo, o quizá era un asunto de seguridad tan confidencial que ni yo misma me permitía recordar mi próximo paradero. No confío en nadie.

Marcos estaba dormido atrás de una planta. A cinco metros suyo dos chicas tomaban mates y de vez en cuando lo miraban para comprobar si respiraba. Con los brazos y piernas totalmente extendidos, se desplegaba por el suelo como una estrella brillante. En su mente pasaban más cosas por minuto que en la ciudad entera en una hora. Levantate, tenés que encontrarla.

El espejo retrovisor enmarcaba siniestramente el par de ojos más violento que me había mirado. ¿Quién era ella? Se sentía como una madre. Lo insólito es que veía su espalda moverse, su nuca girar, mirar hacia los costados, con una actitud relajada. Pero el espejo mostraba dos ojos fijos clavados, que no se movían ni un milímetro, como un recuerdo impreso del eterno acechar de los enemigos encubiertos. Su mano se acercó lentamente a la guantera...

Trepado como un simio a las torres de la iglesia, saltaba de nervadura en nervadura, de cornisa en cornisa; divisaba la lejanía como un águila. Las casas daban vueltas, los edificios crecían y se achicaban. ¿Dónde estás? En una visión apocalíptica pudo prever un futuro sin humanos, donde las ruinas de la iglesia quedaban sepultadas bajo las eternas capas de materia fecal extraterrestre.

La mano se acercaba lentamente a la guantera, en un gesto terminal. Mi respiración, junto al latido de mi corazón, se detuvo por completo. Pensé en saltar del auto en movimiento, pero afuera sólo se veían ríos de animales de granja, con caudales tan potentes que podrían haberme arrastrado hasta el fin del tablero, causando mi última y final perdición. Abrió la guantera, aún clavándome la mirada. Sacó un lápiz labial. Pude volver a respirar.

Trepado a una oveja, veía a unos veinte metros el auto violeta, naranja, amarillo... No paraba de cambiar de color. Saltó para caer sobre un pato mutante que volaba al ras de la temblorosa superficie de bovinos. Unos segundos después la vio, dentro del vehículo. En el asiento delantero estaba la muerte, con un lápiz labial rojo en la mano.

La mano huesuda sostenía el pintalabios con espíritu real. Lo acercó lentamente al espejo retrovisor, donde escribió con letra de maestra de primer grado. "Fuck you", decía la inscripción.

Marcos volaba en su pato cada vez más cerca del coche. Finalmente, su mano temblorosa y tentacular pudo alcanzar la puerta trasera.

La muerte empezó a reír, mientras terminaba de redactar su desesperanzador mensaje carmín. Escuché un ruido a mi lado. ¡Es él! Abría la puerta lentamente.

Abría la puerta lentamente. Lo vio y sonrió. Ya estoy mejor.

Fuck you too, muerte. Yo me voy en pato, vos te quedás acá.





Death and lipstick

I was staring at the rearview mirror, totally paranoic, from the back seat of the car. Somewhere in the city, Marcos was waiting for me, full of LSD, or it was all part of the dream?

I went out of the shower and ran towards the window. When I was about to jump, I saw my naked reflection in the building across the street. I could see my frightened and distorted body in the distance. The look on my face was totally alien, my eyeballs were exorbitant. What am I doing?

Marcos was entering the coffee shop, lost, looking for images on the roof. I want to run. As well as he came in, he went out, running. In the meantime, step after step, he got lost in the dull and distant beats coming out of the earth after every impact, with a meaningful phase shift between image and sound. He took his shirt off, threw it to the ground. He took the piercing out of his eyebrow and put it into his pocket. He kept on running.

It was five to five when I was in the park. After exactly five minutes, I saw the purple car that would take me somewhere that, for some reason, I had to go to. I didn't remember why, or where, but I was embarassed to admit it... Or maybe it was such a confidential business that I couldn't even allow myself to remember it. I trust no one.

Marcos was asleep behind a bush. Five meters from him, there were two girls having a picnic and, from once in a while, they checked if he was still breathing. With his arms and legs totally spread, he seemed a shiny star. Inside his mind, there were more things happening in a minute than in the entire city in an hour. Get up, you have to go find her.

The rearview mirror sinisterly framed the most violent eyes I had ever looked at. Who was her? She felt like a mother. The most unusual thing about it was that I could see her back moving, her neck turning, looking both sides, with a relaxed attitude. But the mirror showed two staring eyes that wouldn't move a milimeter, like a printed memory of the eternal watching of the undercover enemies. Her hand slowly approached the glove box...

Climbing like a monkey the church towers, he jump from rib to rib, from cornice to cornice; descrying in the distance like an eagle. The houses were jumping around, the buildings grew bigger and smaller. Where are you? In an apocalyptic vision he could foresee a future without humans, where the ruins of the church were buried under eternal layers of extraterrestrial feces.

The hand was slowly approaching the glove box, in a terminal gesture. My breathing, along with the beating of my heart, stopped. I thought of jumping out of the moving car, but outside you could only see farm animal rivers, with flows so powerfull that they could have dragged me to the end of the board, causing my last and final doom. She opened the glove box, still staring at me. She took a lipstick out. I could breath again.

Climbing onto a sheep, he could see, twenty meters away, the purple car, the orange car, the yellow car...... It kept on changing colours. He jumped on a mutant duck that was flying over the shaky surface of  cattle. A few seconds later he saw her, inside the vehicle. In the front seat was Death, with a lipstick in her hand.

The bony hand held the lipstick with royal spirit. She slowly approached it to the rearview mirror, where she wrote with first grade teacher handwriting. "Fuck you", said the message.

Marcos was flying in his duck, closer and closer to the car. Finally, his shaky and tentacular hand could reach the back door.

Death started to laugh, while she finished to write her red hopeless message. I heard a noise by my side. It is him! He was slowly opening the door.

He was slowly opening the door. She saw him and smiled. I feel better now.

Fuck you too, Death. I leave, riding a duck, you stay here.

Animando (dibujito)

Porfa porfavorcito
haceme un dibujito
que se mueva como papafrita voladora
aleteando entre nubes de tentáculos,
que se maree con tan sólo pensar en alfombras verdes.
Haceme un dibujito confundido,
peludo, molesto, traumado,
insoportable, irreverente, inmoral,
pornográfico, pelotudo, marginal.
Vos que sos medio rarito,
haceme un dibujito.